Escarabajo.

Al idiota en la colina que ve con sus mil ojos a los que se burlan de él, dile que vuelva, que lo único que necesita es amor, que la chica con los ojos de caleidoscopio está esperándole en la furgoneta y que si quiere una revolución, la tendrá.

Dile que se colocará con un poco de ayuda de sus amigos, y que no le defraudarán; que si todos se juntan, el sol vendrá. Dile que en la vida hay que esperar y que lo que está ocurriendo nunca lo sabrá.

Dile que se una al club de los corazones solitarios, y que contigo o sin ti, poco a poco se sentirá mejor. Dile que tenga cuidado, que la felicidad es un arma caliente y que no tardará mucho en darse cuenta que todos vivimos en un submarino amarillo.

Dile al hombre de ningún lugar que sé que ha sido una noche dura y que necesita ayuda, pero que si se siente mal y hoy no es ni la mitad de lo que fue ayer, a veces lo mejor es dejarlo estar.

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Review de “Her”.

HER es una película, y también un aviso. Una sociedad cada vez más despersonalizada y solitaria gracias (o por desgracia) a la digitalización de hasta los aspectos más cotidianos de la vida humana. HER nos plantea una sociedad en la que los ordenadores (en este caso “OS“) interactúan con sus usuarios y les leen el correo o recitan las noticias que puedes desechar con un “siguiente”. Una Siri con la que se puede tener una conversación como si de una persona real se tratara. Conversación y relación. Esta película nos plantea el caso de un hombre, Theodore (Joaquin Phoenix), que se enamora de su OS, de su sistema operativo, Samantha (Scarlett Johansson). Es una película sin filtros, que dice lo que quiere y como quiere. Tiene una estética solitaria, y en ocasiones da la impresión de que el protagonista está completamente solo en el planeta. Las relaciones humanas son cada vez más pobres y difíciles porque todo el mundo tiene un pinganillo en la oreja con el que interactúa y a través del que accede a internet. La estética cromática de la película está verdaderamente cuidada. Colores pastel entre los que destaca el uso del rojo. Una gama cromática que desentona con la impresión anti-social y pro-tecnológica que nos presenta la película. Los protagonistas dudan de si las relaciones con los OS pueden parecerse a las humanas. Queda claro que sí, pues nuestro protagonista lleva una vida de pareja con Samantha, y hasta tienen sexo. Hasta una persona se ofrece voluntaria como intermediario entre Samantha y Theodore para sus relaciones sexuales. Me explico: una mujer que no habla y tiene una micro cámara en forma de lunar y un auricular para oír lo que Samantha dice. Theodore intenta tener relaciones sexuales con ella pero no puede, porque está enamorado de un sistema operativo, no de un cuerpo que hace de huésped de la voz de Samantha. Samantha intenta ser una persona, avanzar en cuanto a los sentimientos y razonamientos que puede llegar a tener. La relación entre nuestro protagonista y el OS acaba. Acaba mal. Y por algo muy parecido a los trágicos finales entre humanos. Samantha conoce a otros OS. A miles. Miles de OS que crean un grupo y se relacionan entre ellos. Por eso he dicho al principio que esta película es un aviso. Un aviso de que la tecnología puede llegar a distanciarnos de otras personas y puede llegar a separarse e independizarse de los humanos, de sus creadores. Es una gran obra cinematográfica que bien podría tratarse de un episodio de Black Mirror.

Monólogo de Elliot en Mr. Robot.

Krista: ¿Qué es lo que te decepciona tanto de la sociedad?

Elliot: No lo sé. A lo mejor es que todos pensamos que Steve Jobs fue un gran hombre incluso sabiendo que ganó billones a costa de niños. O a lo mejor es que sentimos que todos nuestros héroes son falsos. El mundo en sí es una gran patraña. Nos espameamos los unos a los otros con continuos comentarios; mentiras enmascaradas como si en realidad pensáramos así. Redes sociales que nos hacen pensar que de verdad tenemos intimidad. ¿O es que hemos votado para esto? No con nuestras amañadas elecciones, sino con nuestras cosas, nuestras propiedades, nuestro dinero. No estoy diciendo nada nuevo. Todos sabemos por qué hacemos esto. No porque los libros de Los Juegos Del Hambre nos hagan felices, sino porque queremos estar sedados. Porque duele no fingir, porque somos cobardes. Que le jodan a la sociedad.

Toro de la Vergüenza.

Creo que no es necesario calentar el ambiente para hablar de este tema. No concibo que en el año 2015 (desde cuando a algunos les ha dado en gana empezar a contar la historia humana) se siga torturando animales por diversión. Ni por diversión ni por tradición. Es de completos ignorantes continuar tradiciones que encajan más con un espíritu cavernícola. Todo esto sin querer ofender a los magníficos creadores de las pinturas rupestres en las que, ni por asomo, se ven escenas de maltrato animal para la diversión de las personas. Es curioso, por lo tanto, pensar que nuestro comportamiento hacia los animales es ahora inigualablemente más irrespetuoso que el de hace millones de años, cuando aún no habíamos inventado la rueda. Véase el toro de la Vega, el propio toreo o el reciente incidente en el que un perro que llegó a una familia esperando amor y compañía no entiende por qué su amo le arroja por encima de una valla de varios metros y lo abandona. Las tradiciones no son legítimas si nos dimos cuenta hace tiempo que deberían haberse quedado en el pasado. Si nos avergüenza que los extranjeros nos digan “toros olé”, quizás deberíamos hacer algo al respecto. ¿Cómo pretendemos que no nos tengan que controlar desde Europa? Somos los atrasados del continente, y no sólo en política económica o educativa. No podemos pretender que se nos tome en serio por el día cuando por la tarde matamos toros clavándoles lanzas.

Quiero pensar que algún día este país no torturará animales por diversión, dejará de traficar con perros encerrados en escaparates como si fueran objetos de admiración por los que no sentir compasión, que lo último que vea un toro no sea la jeta de un asesino a sueldo y que las mujeres no sean asesinadas casi por rutina.

¿Cómo que todos los hombres sí?

Acabo de leer un artículo sobre una mujer, la cual se escuda bajo el seudónimo “Barbijaputa”, sobre el machismo y la reacción de los hombres cuando se les llama machistas y maltratadores. Ella se sorprende y se indigna cuando un hombre dice “No podéis generalizar porque yo…” o “No todos los hombres somos…”. Pues claro que nos defendemos diciendo eso, ¡faltaría más! ¿Por qué voy a dejar que cualquier mujer me llame machista si yo no lo soy? Bueno, pues esta mujer dice que no empatizamos con las mujeres y su constante temor hacia los hombres porque un porcentaje de ellos maltratan y violan. Pero aquí no acaba la cosa, que va, sólo acaba de empezar. Se inventa el término “postmachismo” que, básicamente, nos llama machistas a todos los hombres que decimos no serlo.

Ella dice que, como a lo largo de la historia la mujer ha sido ninguneada y maltratada por los hombres, ahora teme quedarse a solas con uno de ellos, porque desconfía de que sea una buena persona, y los prejuzga como potencial machista, maltratador y violador. Utiliza estos argumentos: “¿Cómo se nos puede culpar a nosotras por temer hasta a las buenas personas? ¿Acaso yo que me monto con usted en el ascensor, señor desconocido, debo saber que es incapaz de matar a una mosca?”. Bueno, por esa regla de tres cualquier persona del mundo, sea mujer u hombre, o de la religión o etnia que sea es peligroso. ¿Debemos desconfiar de un musulmán porque los hay que ponen bombas y se inmolan? No. ¿Debemos desconfiar de un hombre porque los hay que maltratan y violan? Tampoco. Y si de verdad queréis que los hombres nos sumerjamos más en la lucha anti-machista, lo primero que tenéis que hacer es no llamarnos machistas o potenciales maltratadores, porque de esa manera lo único que vais a conseguir es que no empaticemos del todo con vosotras. Porque ninguna mujer tiene derecho a decirme que, por tener pene, tengo más posibilidades de acabar violando y matando a una mujer. Y una frase que me ha chocado es la siguiente: “Teniendo en cuenta que los verdugos son siempre hombres y las víctimas siempre mujeres…”. No sé si esta chica lo sabe que también hay mujeres que maltratan a los hombres. No ocurre tan a menudo y no sale en el telediario, pero ocurre. Y no por eso voy a tener miedo o desconfiar de cualquier mujer. Sería absurdo.

Así que, cuando una persona me llame machista porque soy hombre, voy a seguir defendiéndome, porque en mi vida le he levantado la mano a ninguna mujer ni la he maltratado sólo por serlo. Y voy a seguir sin hacerlo.

Os dejo el link a esta “joya” de artículo para que juzguéis sus palabras por vosotros mismos. http://www.eldiario.es/zonacritica/hombres_6_428417171.html

Que se jodan.

“¡Qué hostia, qué hostia!” se oía hoy en tierras valencianas. Vaya pesadillas han debido tener esta noche los azules, si es que han podido pegar ojo. Después de cuatro años de indignación y un día de reflexión, parece que los que gritaban en el 15M -que no a favor de él- “si quieren cambiar algo que funden su propio partido y se presenten a las elecciones” tendrán que ponerse una tirita en los labios… y en el orgullo. El partido de Rajoy está en un punto delicado, y en algunos sitios ni está. Caída estrepitosa de la derecha en España, y rápido volantón hacia la izquierda. Pero los líderes de Génova siguen empeñados en que han triunfado, pero no es así. Perder Madrid y Barcelona no da mucha Esperanza. El PP es ahora el pp; un partido podrido por dentro y maloliente por fuera, con un líder decrépito que piensa que dando una rueda de prensa con preguntas (para la sorpresa de todo el mundo) va a dárselas de salvador y protector contra una izquierda radical que viene a venezuelanizar el país, del cual él es el único líder a cargo del único partido que puede llevar a España “en la buena dirección”. Y yo me pregunto, ¿y qué has hecho estos últimos cuatro años? No puedes intentar vender unos viejos muebles de coleccionista que has estado apaleando y llenando de basura durante tanto tiempo; llegarán muebles nuevos, montados por el pueblo, que te hagan sombra y que olerán mejor y brillarán más. Y quién sabe si es un brillo como el de un oasis en medio del desierto para un viajero que lleva cuatro días sin beber agua o el de una línea de meta para un corredor que lleva cuatro horas aguantando sin parar. Sea lo que sea, como dijo la innombrable de la estirpe de los Fabra: que se jodan.

Hermanos de intenciones.

Últimamente los medios de comunicación cada vez se parecen más a los partidos políticos: se supone que tienen que ser honestos, pero pierden su objetivo y acaban haciendo lo que les da la gana. Los medios de comunicación, si es que alguna vez lo tuvieron, han perdido completamente el respeto y la fiabilidad, al menos en nuestro país. El periodismo, sin embargo, tiene excepciones; la política parece que no. El objetivo del periodismo es contar lo que pasa tal cual ocurre, y no cambiar absolutamente nada. Pero claro: “es que los anunciantes, es que los bancos, es que ya no vendemos tantos ejemplares…” ¿Pero qué? Quizás la gente no compra los periódicos porque los ve como basura, como algo a lo que no se pueden aferrar para entender lo que ocurre en el mundo. ¿A caso es lógico que un periódico no pueda decir la verdad sobre el Banco Santander, la empresa Fenosa o el Partido Popular? ¿Sólo porque son anunciantes no se les puede denunciar si hacen algo mal? Y no es que no denuncien sus malos trapos, es que les lamen el culo. Me da vergüenza ver cómo los medios de comunicación desinforman y no aportan ni un ápice de verdad en los temas que merecen primera plana todos los días de la semana. Los medios de comunicación se han vuelto esclavos de sus anunciantes, y del poder político. Sus directores no se atreven a dirigir una mala palabra a cualquier persona o entidad de cualquier tipo sólo por miedo a las consecuencias. ¿A caso el buen periodismo es una mala consecuencia? Y es verdad que están surgiendo nuevos medios digitales que pretenden ser la excepción de esta mugre desinformativa, pero ¿cuánto tardarán en sucumbir a los encantos de la manipulación? Estos nuevos medios presumen de no tener ningún tipo de vínculo con bancos, es decir, el dinero para su funcionamiento lo aportan los socios. Pero el capital económico de estos medios es ínfimo, aunque hay que recordar que algunos grandes periódicos españoles se encuentran en números rojos. Y esto, obviamente, es un punto a favor para los anunciantes. Recordemos que hace unos meses el banco Santander compró simultáneamente la portada de los grandes periódicos del país, ofreciendo una singular metáfora de la situación del periodismo en España. Y ya no hablemos de las cadenas de televisión públicas. TVE tiene cada dos por tres a los redactores amotinados, reunidos y tirados en el suelo protestando por la censura en la cadena. Y recordemos que hace unos años era considerada la cadena con el mejor telediario del mundo, superando incluso a CNN, Fox o CBS. Luego están los grandes ejemplos del gran periodismo, como The New York Times, The Washington Post, The Guardian o The Sun. ¿Qué ha quedado de ese periodismo? Yo pienso que el periodismo objetivo es cosa del pasado, cuando no existía Internet. Quiero decir, los grandes ejemplos del periodismo y las mejores anécdotas y labores sociales se hicieron hace tanto que ya ni nos acordamos de cómo se hacían. Los redactores se pasaban el día en la calle, hablando con gente, visitando sitios, descubriendo; y no detrás de una pantalla repitiendo lo que tres agencias y mil medios más han dicho ya. Quedan resquicios de ese periodismo, el famoso periodismo freelance, o autónomo. Esto trata de que un periodista se arma de valor y de dinero, algo más difícil que lo anterior, para marcharse a Siria o al Congo para luego vender su reportaje al mejor postor. Pero claro, a ver quién es el afortunado que tiene el suficiente dinero para marcharse a cualquier sitio sin el apoyo y los medios de un gran periódico o cadena de televisión. Aunque alguna televisión queda que apoye este tipo de periodismo, véase Equipo de Investigación o En Tierra Hostil. Pero no es suficiente, porque el periodismo que ahora mismo hay que hacer, al menos en España, debe retumbar en los pasillos del congreso y en las sedes de los partidos. Tiene que ser un periodismo que no deje ni un mínimo de carta blanca a los grandes representantes, y que sirva para que los ciudadanos dejen de sobrevivir y empiecen a vivir. Y mientras los medios sigan haciendo lo que hasta ahora, me temo que seguiremos sobreviviendo a duras penas.